lunes, 24 de septiembre de 2012

La naturaleza de la naturaleza.



     El problema más fundamental de la filosofía es siempre el mismo: saber qué es la realidad. O como decían los primeros filósofos griegos, saber qué es laphysis” (la “naturaleza”). Ahora bien, para conocer la naturaleza no basta con observarla. Lo único que podemos concluir de la observación es que el mundo es un montón de cosas y seres en perpetuo movimiento y transformación. En otras palabras: un caos (así es la realidad dada al principio, también en los mitos cosmogónicos, que siempre comienzan con aquello de “al principio era el caos…”). Pero la razón nos pide más, nadie puede vivir pensando que todo es caótico. ¿Qué pide la razón? Siempre lo mismo: la unidad en las diferencias (lo común a todo…), lo permanente frente a lo cambiante (dar permanencia e identidad a las cosas), el orden frente al desorden (relacionar las cosas, jerarquizarlas, ordenarlas por categorías, como la ropa del armario: aquí los pantalones, allí los abrigos…), la regularidad de las causas frente al azar imprevisible (explicar por qué suceden las cosas, descubrir las leyes que permiten predecir lo que va a pasar…), incluso, a veces, el sentido o finalidad de todo (explicar para qué existe lo que existe).

     Así, cuando los primeros filósofos se preguntan por la “physis”, lo que andan buscando, guiados por su “instinto racional”, no es simplemente observar el mundo, sino algo más, mucho más. Lo que de verdad buscan es descubrir la naturaleza de la naturaleza, esto es:
- El elemento originario y común a todas las cosas: aquello que todas las cosas (en el fondo) son, por muchas y variables que sean, y aquello de lo que todo proviene (y a lo que todo vuelve)…
- La ley suprema que explica por qué pasan las cosas y para qué ocurren, aquello que permite comprender el mundo como algo regular, ordenado, previsible…
     A todo esto, a la raíz originaria, común y permanente a todas las cosas, y a la ley suprema de la realidad, le llamaron a veces “arkhé” (lo originario, lo fundamental, lo que gobierna todo). Ni la filosofía (empezando por los presocráticos), ni, más modestamente, la ciencia, han dejado nunca de preguntarse por esta “arkhé”, pregunta que es, también, el principio mismo del deseo humano por el conocimiento... 

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